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Mons. Saiz Meneses preside el encuentro de rectores y formadores de Seminarios Menores |
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Escrito por Ecclesia Digital
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lunes, 26 de enero de 2009 |
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Entre los días 23 y 25 de enero ha tenido lugar en Madrid el XXVII Encuentro de Rectores y Formadores de Seminarios Menores de España. El tema del encuentro ha sido "Actualidad del Seminario Menor: promoción y admisión".
Mons. Josep Àngel Saiz Meneses, Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades presidió el encuentro, acompañado por Mons. Rafael Zornoza Boy, miembro de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades y encargado de Seminarios Menores. Asistieron más de 70 rectores y formadores de los seminarios menores de España. En las palabras de saludo al encuentro Mons. Saiz Meneses recordó la importancia de los Seminarios Menores en la vida de la Iglesia y la formación de los futuros candidatos, a partir de su experiencia personal. Presentó las dificultades del momento actual de la educación y remarcó la fragmentación interior, la dispersión exterior y la falta de consistencia. Estas constataciones dificultan la tarea del seminario menor en la modalidad clásica del internado. Ante esta situación es preciso dar respuesta a las nuevas situaciones que se van generando con creatividad e innovación, desde la plegaria y la reflexión, convencidos que Dios continúa gritando.
En la homilía de la Misa el Obispo de Terrassa, glosando las lecturas, animó a los rectores y formadores de seminarios menores en su tarea. De manera parecida a la llamada de Dios a los personajes bíblicos, que se muestran desconcertados inicialmente pero confían en la acción de Dios, los formadores de los seminarios tienen que tener la certeza de la llamada de Dios y contar con su ayuda para llevar a cabo la misión encomendada. El Obispo remarcó que propiamente no hay crisis de vocaciones. Dios continúa llamando a todas las edades y la Iglesia acompaña en el crecimiento y maduración de la vocación. El problema es más bien de sordera. Hay demasiado ruido externo e interno para escuchar la voz de Dios que llama. Hay que propiciar el silencio y la plegaria y sobre todo el encuentro personal con Jesucristo.
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